Las personas sienten la necesidad de cuidar su salud. Y lo tienen muy presente, incluso cuando van al supermercado. Allí les espera una amplia oferta de alimentos que contienen muchos minerales y vitaminas como las verduras, frutas, legumbres, frutos secos, etc. y, por otro lado, también los llamados alimentos y bebidas funcionales, productos que no sólo les prometen un buen sabor, sino todo tipo de beneficios saludables; desde la mejora de las defensas o la reducción del colesterol hasta el fortalecimiento de los huesos o la mejora del tránsito intestinal.

Los alimentos funcionales son productos enriquecidos con determinados ingredientes que generan un efecto beneficioso sobre la salud y el bienestar o incluso reducen el riesgo de padecer alguna enfermedad.

Según un estudio, apenas el 30% de los españoles está familiarizado con el nombre “alimento funcional”, pero lo cierto es que ya forman parte de sus vidas. Así, cuando se les indica algún ejemplo concreto el 84% los reconoce y casi el 70% afirma consumir alguno. Y es que, ¿quién no ha oído hablar de productos como el Actimel, los yogures Activia, Danacol, etc. o leches enriquecidas con calcio, fibra o jalea real?

Los alimentos ricos en nutrientes naturales se complementan perfectamente con los alimentos funcionales

Alimentos enriquecidos

Los primeros alimentos funcionales comercializados fueron productos fortificados con vitaminas o minerales como la vitamina C, vitamina E, ácido fólico, hierro, zinc o calcio. Más tarde comenzaron a desarrollarse productos ricos en micro nutrientes como ácidos grasos omega-3, fito-esteroles o fibra soluble, para favorecer la salud o prevenir trastornos como los cardiovasculares.

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En España, se comercializan actualmente más de 200 tipos de alimentos funcionales, como por ejemplo leches enriquecidas con calcio, ácidos grasos omega-3, ácido oleico o vitaminas; yogures y otros lácteos con probióticos específicos para diversas funciones; zumos con vitaminas, minerales o fibra añadidos; cereales o pan con fibra y minerales, etc.

Los alimentos funcionales pueden formar parte de la dieta de cualquier tipo de consumidor, pero están especialmente indicados para personas con necesidades nutricionales específicas como embarazadas, niños y personas mayores; personas con estados carenciales o con intolerancias a determinados alimentos; y consumidores con riesgo de sufrir determinados trastornos y enfermedades (colesterol, osteoporosis, problemas intestinales, etc.).

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En los supermercados puedes encontrar todo tipo de alimentos saludables para llevar una dieta sana

Garantías y seguridad. Hay que demostrar sus beneficios

Para garantizar su eficacia y seguridad y proteger al consumidor, las propiedades de estos alimentos deben ser demostrados científicamente mediante estudios clínicos, un campo antes limitado a la investigación farmacológica pero que ahora también se aplica en empresas alimentarias.

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En la práctica, sin embargo, algunos productos han sido fruto de denuncias por parte de los consumidores al no haberse demostrado científicamente el beneficio anunciado. Por eso, el imparable surgimiento de los alimentos funcionales ha obligado a establecer una reglamentación específica que supervise no sólo su seguridad sino también que los efectos casi milagrosos que prometen en su etiquetado responden a una eficacia real.

En Europa, la encargada es la Autoridad Europea en Seguridad Alimentaria (EFSA, European Food Safety Authority). Entre otras funciones, la EFSA debe aprobar las alegaciones sanitarias, es decir, las informaciones o eslóganes que utilizan los alimentos funcionales en sus envases afirmando o sugiriendo que producen un determinado efecto beneficioso sobre la salud.

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Un buen mercado dentro de la alimentación

Los alimentos funcionales se han multiplicado en los últimos años en los estantes del supermercado, y todo apunta a que seguirán ganando presencia. Las ventas de alimentos y bebidas funcionales crecen a un ritmo del 10% anual, muy por encima de la media del sector. Entre los motivos que explican esta tendencia destacan el progresivo envejecimiento de la población, con un número cada vez mayor de consumidores de edad avanzada preocupados por mantener una dieta sana; la elevada preponderancia de problemas como el colesterol o los trastornos digestivos, y el mayor interés de los consumidores por llevar una dieta saludable.

Los alimentos funcionales ofrecen cualidades propias de los medicamentos, sin serlo.